La vida del toro bravo
Recoge EL PAÍS del día 7 de octubre unas declaraciones del senador del Partido Popular Pío García-Escudero durante el debate sobre la declaración de las corridas de toros como Bien de Interés Cultural. Dice García-Escudero: "Si yo fuera toro, preferiría mil veces morir después de 20 minutos en una plaza de toros luchando y combatiendo antes que sufrir una larga agonía, como sufren en los correbous".
Es un argumento muy común estos días: que el toro de lidia vive de maravilla comparado con otros animales. Lo que bien pudiera ser cierto, dado el trato en general que damos a los animales y del que el toro es sangriento símbolo.
La falacia de este argumento es que suele implicarse que el toro vive de maravilla; en general y sin más, porque además tiene un fin digno. García-Escudero, en su deseo de ser toro, quizás olvida que otro aspecto de la dignidad del fin es la no aceleración del mismo, y que el toro más viejo en la plaza muere con seis años; cuando su esperanza de vida natural ronda la veintena. Esto, en un cálculo aproximado, es el equivalente de unos 25 años de vida humana.
Pío García-Escudero cumplirá este mes los 58 años. Aprovecho para felicitarle sinceramente, y para preguntarle con la misma sinceridad si quizás también "preferiría mil veces" llevar 33 años muerto (desde 1977 aproximadamente), o si por el contrario elegiría poder seguir vivo, en el Senado, afilando esa oratoria con la que alaba al toro como "símbolo de fortaleza, valentía y fecundidad".
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